Neurodiseño Gráfico, Neuroestética y Neurociencias

El Manejo de las Emociones en el Neurodiseño

Jorge Luis Muñoz
(Profesor de la FAD-UNAM, México)
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Meztli T. Durán Cruz. FAD-UNAM

Las emociones humanas no solamente surgen ante las expresiones del rostro sino que son capaces de brotar ante múltiples situaciones de la vida. El verdor de un panorama campestre fácilmente hace surgir una emoción de felicidad combinada con calma, sosiego y vitalidad. Esa combinación de emociones suele ser única y se corresponde con el arreglo de cada escena que se enfrenta. Una escena de verdor con intermediación de árboles no produce las mismas emociones que un verdor salpicado de espinos, digamos con zarzamoras o rosas en medio del verdor percibido.

El panorama urbano puede ser también productor de emociones. Quien no ha sentido en esta capital mexicana como el corazón se comprime, el ánimo decae, la tristeza se asoma y el espíritu se incomoda ante el gris difuso del esmog en una mañana fría. Son emociones negativas que no por ello destructivas, ya que ante tan tristes panoramas mucha gente se alza y enfrenta mejor las dificultades de la vida; quizá por la prevención que hace la intuición ante panoramas tan desalentadores para la vida.

Como se sabe, una emoción sostenida hace un sentimiento. La emoción es proactiva, mueve a algo, mueve a hacer, a pensar, inyecta ánimo o desánimo, aclara o confunde entre muchas otras cosas. Esto se debe a que el cerebro límbico en cada uno de sus componentes está multiconectado, tanto hacia el cerebro más primitivo como hacia el neocortex que es la parte más humana que tenemos. Activada una emoción, la multiconexión del sistema límbico puede activar áreas motoras llevando a deseos como comer, puede desactivar esfínteres provocando secreciones involuntarias o simples ganas de correr como nos lo ilustró la película de Forrest Gump. Dependiendo de la parte activada del cerebro emocional será nuestra reacción. Activada la amígdala cerebral emergen miedos (entre otras emociones), otras áreas del mismo sistema límbico activan el hambre o incluso el amor. Una emoción negativa también puede dar origen a ideas brillantes como mecanismo de defensa ante la depresión.

La combinación de emociones puede surgir de cualquier escena bien expresada. Un juego de varas secas bien dispuestas puede producir sentimientos similares a una escena de verdor, aunque con sus matices propios. Esos sentimientos no necesariamente van a dar origen a expresiones orales, no siempre podemos decir lo que sentimos ya que el grueso de nuestras decisiones y acciones está dictado por el llamado “inconsciente”. Las expresiones orales en realidad van a quedar siempre en segundo plano, quedando en primero las motivaciones y conmociones logradas, mismas que se van a expresar como conductas, tendencias, gestos, guturaciones o deseos entre muchas otras posibilidades.

Ejemplo de lo anterior son los impresionistas, los cubistas y más ampliamente el arte abstracto: “Kandinsky ofrece al cerebro las formas mínimas –color y forma– deconstruidas, diferenciadas, modulares, tal y como las percibe el cerebro. Como no hay imagen que construir, llega la sensación”[1].

Alguna vez el pintor Rodimiro Orozco me mostró unas impresiones que había hecho con clavos de tres cuartos con cabeza que se había encontrado en la calle. Era el puro óxido de los clavos impresos en el papel. Me impresionó grandemente, no daba crédito a que con simples clavos pudieran hacerse cosas tan llamativas. Yo no sabía que era lo que me llamaba la atención, pero sentía lo bello que tenía enfrente, motivándome una sensación gustosa, de admiración e incredulidad. Cosa similar me ocurrió cuando el mismo pintor me mostro arreglos con pedazos de piel de diferentes colores que de alguna forma había conseguido.

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Neurodiseño de Arely Contreras

El manejo de emociones se presta desde luego a la manipulación, ampliamente utilizada en la publicidad, el neuromárketing y el diseño, pero ese es solo un episodio dentro de las tendencias que se inventan los grupos humanos en el desglose de su historia. Al manejar emociones habría que partir de considerar la estimulación humana y su orientación según los fines colectivos que el hombre crea con sus impulsos gregarios y su necesidad de sobrevivencia. Una cuestión de ética es la orientación del manejo de las emociones: se pueden estimular los impulsos egoístas del humano y llevarlo al individualismo egoísta y consumista o se pueden estimular los impulsos gregarios y con ellos construir posibilidades de acercamiento humano.

Tanto en el diseño como en el arte el manejo de colores, texturas, formas, ideas o materiales produce emociones. Se sabe que también el cuerpo expresa, por lo que rostros, cuerpo, ambiente y todo tipo de imágenes son capaces de producir emociones. Dependerá de la sensibilidad y de la percepción de cada quien para lograr el impacto y/o la conmoción emocional.

El neurodiseño aporta claves para dirigir la composición hacia un juego de emociones combinado. El verdor vital puede combinarse con una expresión de angustia para producir una emoción de angustia sin sentido, lo que no quiere decir que esto ocurra automáticamente, sino dependerá de las combinaciones del resto de la composición. Se pueden combinar una emoción con una estimulación motora, con un impulso sexual o de sobrevivencia, las posibilidades son infinitas. Sabemos por sinestesia que combinamos múltiples sensaciones y emociones asociadas a ellas. De esa manera hemos podido saborear el mole de una cazuela humeante plasmada en un cartel.

Las neurociencias han encontrado el papel fundamental que tienen las emociones en el reconocimiento de la realidad, de tal modo que si se atrofian los canales que activan las emociones al momento de la percepción, la realidad resulta imposible de reconocer. Ramachandran[2] ilustra esto con una persona con daño en los canales neurales que conectan los hemisferios temporales con la amígdala, a la cual le resultaba imposible reconocer objetos orgánicos comunes como una piña, un animal o a sus propios amigos. Dicha persona tenía que recurrir al oído para reconocer a sus allegados, ya que con la vista le era imposible. Para el diseño esto abre toda un área de investigación: En el caso de la piña del ejemplo de Ramachandran ¿Qué emociones mueve? ¿Tales emociones se asocian con el sabor, con la forma, con el color, olor o la textura? En este solo ejemplo hay un mundo por investigar.

Pongamos un ejemplo: Una composición en base a una gran e impetuosa ola marina acompañada con insinuaciones de troncos de árbol y brazos simiescos enmarcando un mensaje-motivación de la fuerza de un movimiento social. ¿Ayudaría la emotividad-fuerza al reconocimiento de la movilización como legítima? ¿Acercaría la motivación al movimiento social de referencia? Una encuesta nos arrojaría información al respecto en esto que podría ser un modelo de investigación para el neurodiseño.

Para el caso anterior los cuestionamientos a explorar son:

  1. Reconocimiento (Prueba de impacto o grado de familiaridad)
  2. Aceptación (grado de simpatía)
  3. Integración (grado de predisposición)
encuesta

Modelo de encuesta

El trabajo con las emociones y otras posibilidades del neurodisedño puede hacer que un diseñador o un artista ya no tengan que esperar a que la musa descienda, basta con que se proponga el impacto de una emoción y su combinación con alguna otra área cerebral para luego experimentar con el conocimiento que tenga o con lo que disponga para realizar un diseño u obra de arte. Una pequeña encuesta con el trabajo producido indicará lo que haya logrado. En el caso del diseño, la captura del mensaje o el logro de la motivación deseada será evidencia de haber logrado lo que se pretendía. Un impacto focalizado producirá un paquete de emociones, lo que es propio del diseño. Un impacto amplio producirá cierta conmoción, producto de la activación múltiple de áreas cerebrales, lo cual es propio del arte.

Dándole una utilidad positiva a las técnicas de la Inteligencia Emocional (IE), es posible educarnos en la detección de nuestra emotividad y por esa vía detectar las emociones que nos producen ciertas escenas, colores, texturas, formas, etc. para incorporarlas en nuestros diseños. Obviamente que las composiciones logradas no necesariamente van a reflejar las emotividades que nos provocaron los elementos que la componen, en tanto que conforman un nuevo contexto. Los elementos de una composición y las emotividades que suscitan solamente sirven de guía a la hora de componer, su verdadero resultado, ya como composición, se conocerá mediante una encuesta.

Por ejemplo (Siguiendo el caso de la piña de Ramachandran), teniendo al frente una piña podemos preguntarnos por emociones que nos produce su imagen, su olor, su color, su textura o la forma de cada una de sus partes. Una vez registradas las emociones detectadas puede ensayarse un diseño utilizando las referencias utilizadas (colores, formas, texturas, olores, perspectiva, etc.), ya sea como calco, estilización o con cualquier recurso de diseño. Logrado el diseño, se pone a prueba mediante una encuesta para saber si se ha logrado trasmitir lo captado de la piña analizada. Es fácil deducir que del análisis emotivo de la piña también brotarán ideas, mismas que pueden ser aplicadas a los diseños concretos. Esta técnica que podemos llamar de captura emotiva-diseño-encuesta puede aplicarse a muchas cosas y situaciones para producir experiencias de diseño susceptibles de ser reproducidas en diseños específicos.

Por último, el diseñador no tiene que ser experto en neurociencias para conocer cómo trabajan las distintas partes del cerebro y no solamente su parte emotiva, bastará con una incursión por internet buscando información al respecto y las ideas brotarán de manera ágil. Rápidamente se encontrará información sobre el papel del hipotálamo, de la amígdala, de las áreas motoras del cerebro o de las importantísimas áreas frontal, prefrontal y occipital del cerebro, misma que dará pistas acerca de qué y el cómo diseñar.

Noviembre de 2014

Notas

[1] Martínez Benito, Julia. Kandinsky y la abstracción: nuevas interpretaciones. Tesis doctoral, Universidad de Salamanca, 2011.

[2] Ramachandran, V. S., Blakeslee, S. Fantasmas del cerebro. Ed. Debate. Barcelona, 1999.

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